ATLÉTICO DE MADRID 1-0 RAYO VALLECANO. Un gol de Griezmann y tres paradas de Oblak dieron al Atlético los primeros tres puntos de la temporada.
El Atlético de Madrid comienza la temporada liguera en el Metropolitano con victoria ajustada. Un único tanto de Griezmann fue suficiente para batir a un Rayo Vallecano que dio guerra hasta el final, frente a un Atlético que mejoró por momentos pero que se acabó diluyendo en los minutos finales. Fue entonces cuando apareció Jan Oblak. Salvó de nuevo a su equipo de tres ocasiones claras de gol cuando el cronómetro ya estaba muriendo. Tres puntos que se consiguen por la mínima en un día de fiesta para los rojiblancos: celebraron la Supercopa de Europa al final del partido.
Los primeros minutos fueron de tanteo. Tanto Atlético de Madrid como Rayo Vallecano intentaban acercarse a la portería rival, pero con solidez en ambas defensas, ninguno llegaba a concretar. El Atlético tuvo una clarísima a los cinco minutos de juego, con una triple ocasión tras un saque de esquina que acabó rechazando la defensa. Después sería el Rayo Vallecano el que lo intentaría, pero no conseguían generar demasiado peligro. Según avanzaba el primer tiempo, el Atlético se asentaba por momentos, aunque le faltaba orden. Hubo pérdidas de balón absurdas y aunque se notó una mejoría de calidad de los jugadores con respecto a la temporada pasada, seguían fallando cosas en un centro de campo que hoy estaba en manos de Rodri, con peor resultado que en Tallín.
Los minutos avanzaban y Atlético y Rayo conseguían llegar al área, pero con poca finalización. Todo eran balones al área que acababan despejando, o en todo caso, intentonas tímidas que no llegaban a nada. El Rayo Vallecano es el que mejor lo intentó en el segundo tramo de la primera parte, pero no tuvo suficiente contundencia arriba para superar a Oblak, pues sus disparos, rara vez iban a puerta. Aún así, el Rayo se mostró fuerte y no dejó jugar al Atlético de Madrid. Buena presión del conjunto franjirrojo en su debut en el Metropolitano tras conseguir el ascenso en la campaña pasada. Y buena salida de balón. Muy rápidos en el contraataque.
El Atlético de Madrid tuvo que esperar al segundo tiempo para encontrar el gol. Y es que tras el descanso se vio a un equipo diferente. Mejoraron las conexiones entre el centro y la línea de ataque, aunque siguieron fallando las bandas: pues Juanfran se lesionó en el primer tiempo y tuvo que ser sustituido por Thomas, y Lucas, a pesar de defender bien, aún no está al nivel ofensivo de Filipe Luis. Sí brilló Lemar, que hoy se reivindicó en el terreno de juego y fue imprescindible para el ataque rojiblanco. La mejora en el juego del Atlético tuvo su premio en el minuto 63 de partido, en un saque de esquina: Savic la peinaba y Griezmann recogía el balón en el área, cerca del poste, para chutar y poner el 1-0 en el marcador.
Tras el gol, se acabó el nuevo Atleti, y se volvió a lo que tantos dolores de cabeza dio la temporada pasada. El conjunto de Simeone se encerró en el área y muy difícilmente sacaba el balón jugado. Todo comenzaron a ser pelotazos arriba, mientras el Rayo le ponía ganas y ganaba el terreno que dejaba el Atlético. Así se llegó a los minutos finales. A pesar de la incorporación de Gelson, que acabó ocupando el papel de Thomas. El Rayo Vallecano tuvo tres ocasiones seguidas que podrían haberle amargado la fiesta al Atlético. Y ahí es donde apareció Oblak. El esloveno atajó las tres. Primero fue un saque de falta que fue directo a las manos, después un disparo a bocajarro que llegaba tras un balón muerto en el área y por último, otro remate a escasos metros de la portería que consiguió repeler con un agilidad monumental.
El Atlético de Madrid se conforma con sus primeros tres puntos de la temporada, aunque deja muchas dudas. Se sigue notando el desgaste físico de la Supercopa de Europa y el tiempo dirá si consigue desarrollar su juego gracias a su nueva plantilla. De monento, un ajustado 1-0 que sirve para cumplir el objetivo. El Atlético pudo celebrar la Supercopa de Europa sin malos sabores de boca. Y todo gracias, una vez más, a un esloveno llamado Jan Oblak.








