El Granada ha derrotado al Sevilla por dos goles a uno en un derbi andaluz pleno de intensidad.
Decía el técnico del Granada José Ramón Sandoval los días previos al encuentro de esta tarde que sin cambios no se iba a variar la lamentable situación que acuciaba a la entidad rojiblanca. Dejaba claro que en el choque de hoy iba a haber variaciones respecto a los últimos encuentros disputados por los granadinos. Lo que nadie se imaginaba era que el cambio iba a ser tan grande. Y es que en lugar de jugarle a un equipo Champions como es el Sevilla arropadito, metiendo algún defensa más de lo que solía ser habitual, hizo todo lo contrario. Salió el Granada al terreno de juego con tres defensas centrales y dos jugadores como Foulquier y Edgar, explosivos ambos, en banda. El resultado obtenido no pudo ser más favorable para los intereses del conjunto local.
Y es que a parte de los muchos aciertos del equipo anfitrión en la tarde de hoy hay que sumarle los muchos errores cometidos por los hombres de un Emery que se ha equivocado con su planteamiento táctico. No se si estaba pensando ya en el choque copero del miércoles ante su eterno rival, el Real Betis, o es que no ha estado afortunado a la hora de dibujar el partido.
El Sevilla durante todo el primer tiempo basó su pobre juego en balones largos hacia Fernando Llorente con la idea de que éste los bajase para que Gameiro hiciera el resto. Mainz, el capitán rojiblanco, se comió literalmente al delantero riojano en la práctica totalidad de los balones divididos que hubo entre ambos.
El centro del campo sevillano fue un puro desastre durante toda la primera parte. Tan solo se libró del desastre el siempre elegante José Antonio Reyes. Cometió una cantidad de errores impropia de un equipo del nivel que se le presupone al equipo de Nervión.
Esos errores, tanto en la entrega del balón como de posicionamiento de sus dos mediocentros, Iborra y Krychowiak, propiciaron las continuas contras del Granada. En una de ellas, corría el minuto 17, Rochina condujo el balón hasta la frontal, soltó un latigazo que Sergio Rico repelió como pudo, e Isaac Success remachó a la red sin oposición.
Lejos de mejorar las cosas para el Sevilla cada acción en el centro del campo suponía un quebradero de cabeza para los hispalenses. Se veía que en cada balón perdido podía ampliarse la renta local. Y así ocurrió. En el enésimo balón perdido, esta vez por un resbalón de Krychowiak, el balón le llegó a Peñaranda, ¡qué forma de pelear la suya!, y en un eslalon propio de un futuro crack se llevó por delante a toda la defensa sevillana y batió por bajo a un desesperado Sergio Rico.
La tragedia se mascaba para los muchachos de Unai Emery cuando en el único (sí, sí, único) balón que se llevó por arriba Fernando Llorente el mismo le llegó a Reyes y éste puso un balón maravilloso que Vitolo mandó a la red. No llegó el Granada ni a sacar de centro. La campana salvaba al Sevilla del k.o. técnico.
Emery se dio cuenta de la gravedad de la situación, no tanto por el marcador en sí, sino por el pobrísimo juego mostrado, e introdujo de inicio a Banega y Cristóforo en lugar de Iborra y Llorente. Y el signo del partido empezó a cambiar al ritmo que marcaba el centrocampista ex de Boca Juniors.
El once sevillista se dejó de balonazos y se puso a hacer lo que se sabe que puede hacer, jugar al fútbol. Y el Granada, lógicamente, empezó a sufrir, aunque en ningún momento renunció a intentar matar el choque.
El Sevilla tuvo varias acciones en los primeros quince minutos de la segunda parte para al menos haber igualado la contienda pero un excelente Andrés Fernández y una zaga mucho más segura de lo habitual lo evitaron.
Pasado el cuarto de hora de envión de los hombres de negro (así vestían hoy los de la capital de Andalucía) el Granada empezó a sentirse cómodo de nuevo en el campo. Se estiraron siempre que pudieron y tanto Peñaranda como Success fueron una pesadilla para los forasteros. Especialmente acertado estuvo el nigeriano que desquició a Mariano Barbosa al que le hizo un traje cada vez que intentaba marcharse de él. Debió ser expulsado el defensor sevillista cuando ya tenía una tarjeta amarilla y agarró por detrás al atacante nigeriano cuando ya se le marchaba.
Se llegó así a la recta final del choque y el Sevilla, como no podía ser de otra manera, metió una marcha más al partido. Banega, como no, y Gameiro estuvieron cerca de conquistar un punto pero el arquero murciano del Granada, como no también, lo evitó. El Granada se defendía como gato panza arriba y en una acción de Ramí que bajo mi punto de vista no fue ni falta éste fue expulsado al serle mostrada la segunda tarjeta amarilla. Quedaban apenas tres minutos para acabar el choque y desde este momento hasta el final ya fue un querer y no poder de los sevillanos para algarabía de la sufrida afición granadina.
Granada CF: Andrés Fernández; Foulquier, Lombán, Mainz, Dória, Edgar; Krhin (Uche, min. 72), Rubén Pérez, Rochina (Fran Rico, min. 76); Success (El Arabi, min. 88) y Peñaranda.
Sevilla FC: Sergio Rico; Mariano (Konoplyanka, min. 74), Rami, Kolo, Escudero; Krychowiak, Iborra (Banega, min. 46), Vitolo, Reyes; Gameiro y Llorente (Cristóforo, min. 46).
Goles: 1-0, min. 17: Success; 2-0, min. 37: Peñaranda; 2-1, min. 45: Vitolo.
Árbitro: Undiano Mallenco (colegio navarro). Amonestó por parte del Granada a Edgar y Success; y a Mariano por parte del Sevilla. Expulsó por doble amarilla al sevillista Rami en el minuto 86.










