El equipo colchonero sucumbió ante el FC Barcelona en el último partido de Copa en el estadio Vicente Calderón. A pesar del buen inicio «culé», los jugadores atléticos rozaron el empate.
Dicen que el fútbol no es más que un estado de ánimo, y una de las muestras más claras de esa expresión popular fue el partido que enfrentó en el Estadio Vicente Calderón al Atlético de Madrid contra el Barcelona.
Los rojiblancos llegaban al partido con la intención de asegurar la eliminatoria ante su afición, y para ello Diego Pablo Simeone alineó a un once ofensivo, con la novedad de Juanfran por delante de Vrsaljko, un doble lateral que iba a defender con más atención los ataques barcelonistas que se hicieran por la banda de Neymar. Luis Enrique, por su parte, no presentaba ninguna sorpresa en su alineación pues quería asegurarse un buen resultado para la vuelta en el Camp Nou.
Al comienzo del choque Diego Pablo Simeone ordenó presionar arriba la salida de balón azulgrana, como ya hiciera el Betis en el último partido liguero para poner en aprietos a la defensa rival, pero el Barcelona encontraba, salvo algunos errores individuales, una salida de balón aseada y hacía llegar la pelota a sus atacantes con alguna comodidad. En el minuto 6 de partido Cillessen mandó un balón largo desde su portería para que lo luchara Suárez, el uruguayo, con la garra que lo caracteriza, se hizo con el balón y, tras un regate y acto seguido un auto-pase, se plantó delante de Miguel Ángel Moyá para batirlo con una definición de puntera. El Barcelona se colocaba por delante en el Calderón y el Atlético de Madrid perdió la fe en la presión adelantada.
Después del gol, el equipo rojiblanco se quedó «tocado», el planteamiento inicial se había desmoronado en el minuto seis, y en ese espacio de tiempo donde se pensaba todavía qué táctica tomar, el Barcelona lo aprovechó para tener posesiones largas y jugar en campo contrario, el equipo «culé» iba a exprimir por completo la velocidad y compenetración de sus tridente ofensivo y así lo hizo. A base de contraataques, especialmente por Neymar, llegó todo el peligro barcelonista en la primera parte hasta que se volvieron a adelantar en el luminoso. Messi recogió el balón en la frontal del área y conectó un zurdazo fuera del alcance de Moyá en el minuto 33 de la primera parte, aumentaba el desconcierto entre la parroquia atlética.
Si al principio del texto dijimos que el fútbol era un estado de ánimo, fue precisamente eso, el ánimo, lo que cambió en los jugadores del Atlético de Madrid. Salieron a morder, con otra mentalidad, a disputar cada balón, y a tratar de que no pudieran conectar varios pases seguidos que tanto daño le estaban haciendo, pues en la primera parte el Barcelona castigó en cada jugada la transición defensiva del equipo de Diego Pablo Simeone. El argentino sacó del campo a Vrsaljko y dio entrada a Fernando Torres, configuró una defensa de tres para morir arriba con toda la artillería.
Con estas variantes, el Atlético no dejó respirar al Barcelona en su salida, el Barcelona ahora sí sufría cuando tenía que sacar el balón limpio y ahí llegaron las ocasiones, robaban una y otra vez el balón cerca del área de Jasper Cillessen para acabar las jugadas lejos de la portería de Miguel Ángel Moyá. Antoine Griezmann, Gabi, Fernando Torres… todos ellos gozaron de claras oportunidades para recortar distancias en el marcador pero no tuvieron la puntería y fortuna necesaria, hasta que en una falta cometida en el círculo central, Gabi colgó el esférico para que Godín prolongara de cabeza y encontrara a Antoine Griezmann, el francés ahora sí conectó un buen cabezazo para reducir el marcador y desatar la euforia en las gradas del Calderón. Tras el gol entraron Nico Gaitán y Kevin Gameiro por Saúl y Ferreira-Carrasco, respctivamente, y el partido se volcó aún más hacia la portería de Cillessen.
Cuando el Atlético de Madrid estaba en la fase del partido donde rozaba el gol la pelota no quería entrar, se desperdiciaron muchas ocasiones para empatar el marcador, el Barcelona sólo se aproximaba al área con faltas en la frontal (una de ellas la mano de Moyá fue salvadora); y al final, en un partido donde fue una parte para cada equipo de manera clara, el Atlético de Madrid se ve obligado a remontar en Barcelona para llegar a la final. Algo que no sea antoja muy difícil si juegan como la segunda mitad de hoy.








