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El Real Madrid superó al Atlético en todas las facetas del juego y se llevó los tres puntos con los goles de Casemiro y Oblak en propia.
El Atlético de Madrid salió derrotado del derbi madrileño. El Real Madrid ganó por 2-0 con los goles de Casemiro y Oblak en propia puerta. El conjunto blanco estuvo muy por encima frente a un Atlético que jugó un partido para olvidar y que estuvo muy lejos de su mejor versión. No le salió nada bien. Con esta derrota el conjunto rojiblanco pierde su imbatibilidad en Liga pero mantiene una diferencia de tres puntos por encima del Real Madrid.
En los primeros compases parecía que el duelo iba a estar igualado, pero poco a poco se fue imponiendo el Real Madrid. El conjunto blanco dominó y no dejó opciones a un Atlético que tampoco estuvo impreciso y que no generó ninguna ocasión en los primeros 45 minutos. Benzema estuvo implacable y dio dolores de cabeza a una defensa que fue solvente aunque con complicaciones. También Modric fue un peligro para el conjunto rojiblanco que acabó marchándose al descanso uno abajo en el mercador.
No hubo muchas ocasiones tampoco para el Real Madrid. Pero suficientes para adelantarse a los 15 minutos de juego en un saque de esquina. Casemiro remató de cabeza para poner el 1-0. Sin embargo, aunque el marcador y las estadísticas dijeran lo contrario, el conjunto blanco apenas tuvo ocasiones claras. Oblak tuvo que intervenir una vez, aunque de nuevo siendo salvador. Disparo lejano de Modric que el esloveno despeja con la punta de los dedos impactando el balón en el palo. El resto, llegadas con peligro y rechaces a córner que no terminaron en nada.
El Atlético por su parte no pudo acercarse al área madridista más que en alguna jugada aislada. Una de ellas acabó en córner y Courtois tuvo que intervenir en el saque. La puso Carrasco y el centro se roscó cogiendo portería. El guardameta belga sacó el balón sin mayores problemas. Partido muy intenso, con buen ritmo y velocidad, y una buena actuación arbitral de Mateu Lahoz que dejó jugar con la misma vara para ambos equipos. Tanto Atlético como Real Madrid buscaron la presión arriba y plantearon el mismo partido con la diferencia de que a los locales les estaban saliendo bien las cosas.
CAMBIÓ EL SISTEMA PERO NO EL PARTIDO
Simeone no esperó para hacer cambios. Felipe, Herrera y Carrasco se marcharon en el descanso para dar entrada a Renan Lodi, Lemar y Correa. Más tarde entraría Saúl en lugar de João Félix. De esta forma Hermoso pasaba al centro de la defensa y Saúl hacía las coberturas en banda izquierda para que Lodi pudiera subir. Pero nada cambió. El Real Madrid aumentó la intensidad y la contundencia, mientras el Atlético, no lograba encontrarse a sí mismo.
El Real Madrid avisó nada más comenzar el segundo tiempo con una falta muy peligrosa en la línea del área. El balón pegó en la barrera y se fue a córner. En el saque de esquina Mendy pudo hacer el segundo con un disparo que se marchó fuera. Lemar tuvo la más clara para el Atlético con un remate tras un pase cruzado de Llorente. El balón pegó en el lateral de la red en una jugada muy similar a la que terminó en gol frente al Valladolid. Esta vez el resultado sería muy diferente.
El segundo gol llegó con un disparo de Carvajal que se estrellaba en el palo y entraba en portería tras rechazar en la espalda de Oblak. El Atlético tenía tiempo de reaccionar, pero no lo hizo ante un Madrid que se había hecho con el partido y no bajaba el ritmo. Los rojiblancos no mejoraron y cada vez lo fueron haciendo peor mientras su rival anulaba cualquier mínima oportunidad. El último cambio de Simeone fue para retirar a Luis Suárez dando entrada a Kondogbia para que Marcos Llorente pasara al ataque junto a Correa.
Los minutos finales fueron terribles para el Atlético. No lograba encontrar espacios ni hacer ocasiones mientras la sombra del tercer gol comenzaba acechar. Las pocas llegadas que tuvo fueron imprecisas y sin posibilidad de llegar a nada. Duro golpe de realidad para un Atlético de Madrid que pierde su imbatibilidad en Liga aunque sigue a tres puntos del Real Madrid con un partido menos.








