• Después de estar 182 días lejos de los campos por una rotura del ligamento cruzado de la rodilla derecha, Darío Poveda volvió hoy a tocar balón en el césped

El pasado 9 de diciembre, Darío Poveda pasó por el peor trance que le puede suceder a cualquier deportista. Un mal apoyo y el ligamento cruzado de la rodilla derecha del delantero saltó por los aires. Ocurrió en su mejor momento de la temporada, siendo ‘pichichi’ del filial rojiblanco con 10 goles y habiendo debutado unos días antes con el primer equipo. La mala suerte se interpuso en las ganas que tenia Dario de demostrar que estaba capacitado para ser el ‘9’ de Simeone, y que los rumores que lo situaban en equipos como el Getafe o el Zaragoza tenían un gran sustento por detrás.

182 días después el delantero está presto y dispuesto a reiniciar la acción con el equipo como si nada hubiera pasado, pero atrás quedan muchas horas de sufrimiento, de trabajo junto a médicos y recuperadores y ganas de regresar y hacer lo que mejor sabe, que no es otra cosa que jugar al fútbol y ayudar al equipo marcando muchos goles.

La paralización del campeonato por la pandemia del Coronavirus ha posibilitado que Darío Poveda completara una recuperación como en los últimos tiempos pocos deportistas hacen, es decir, cumpliendo los plazos sin prisa y sin ningún tipo de presión ante la falta de competición en los últimos dos meses. La rodilla ha superado cada una de las pruebas a las que se ha visto sometida, y la confianza del delantero en poder ayudar al Atlético de Madrid B en el play-off de ascenso a Segunda División es total y absoluta.

La confianza de Nacho Fernández en el delantero es total y absoluta. La tiene ahora y la ha tenido siempre, siendo Darío un fijo en sus planes. El respaldo del club es total y la identificación del jugador con el proyecto, más todavía. Poveda es consciente que este mes y medio sin competición (el play-off comienza el 18 de julio) le va a servir para volver a meter la cabeza en el equipo, algo que no entraba en sus planes antes de la pandemia. No hay prisa, la gravedad de la lesión así lo aconseja, pero las ganas que tiene Darío de ayudar al filial en su ilusionante objetivo de ascender a Segunda no se las quita nadie.