Partido muy importante para ambos equipos que supo resolver el Deportivo. Se llevó la victoria el conjunto local, aunque con una ventaja mínima, pero suficiente para coger aire y poner al Levante en apuros.

Tres meses exactos y 14 jornadas después el Deportivo de la Coruña volvió a ganar. Sufriendo, sin estridencias ni un fútbol vistoso. Pero ayer lo importante era revertir la losa que suponían tantos partidos sin sumar de tres en el casillero y se consiguió. Aunque dicho esto, el equipo más necesitado era el Levante que llegaba a Riazor en la última posición de la tabla, de la que no es capaz de salir pese a que se resiste a quedarse descolgado. Venía de ganar al Valencia la semana pasada y Rubí apostó por repetir once en Coruña. Por su parte, Víctor Sánchez del Amo -aquejado durante las fechas previas al partido por gripe- volvió al esquema que más réditos le ha dado a su Dépor de esta 2015/16, con Cani de nuevo tirado a la izquierda y el costarricense Celso Borges recuperando el sitio en la medular junto a Pedro Mosquera.

El partido fue más una guerra psicológica que una oda al buen fútbol y el miedo a perder pudo con las ansias por ganar. Dentro de este bajo nivel, el Dépor hizo algo más por llevar la iniciativa y poner cerco a la portería de Mariño en los primeros 45 minutos, aunque poquita cosa. Mucho centro lateral en busca de que Lucas o Luis Alberto se la ganasen a Feddal o Madjani. Guerra perdida. Hasta que Lucas y Cani combinaron en la mejor jugada de la primera parte, el balón llegó a Luis Alberto en el área pequeña y en donde a muchos les entran las prisas, al gaditano le dio tiempo a tomarse una tila y hacer un croquis de por dónde la podía meter. Dos quiebros y golazo. Tampoco se iba a quedar atrás Giuseppe Rossi, que cinco minutos después del descanso quiso emular al delantero del Dépor y también lo quiso hacer con los mismos ingredientes: calma y mucha calidad. El pase de Verza le había dejado en una buena situación para disparar, pero prefirió regatear a Arribas y después sí, batir a Lux. 1-1. Fantasmas en Riazor.

Lo cierto es que el Levante pecó de prudente tras el empate y pareció darse por satisfecho con el punto cuando más confuso se vislumbraba al equipo de Víctor. El paso de los minutos y la inercia fueron inclinando el juego hacia la portería levantinista, aunque sin demasiados apuros el conjunto granota se defendía y hacía intentos por salir a la contra en busca de otro gol. El factor determinante volvió a ser Fede Cartabia, como contra el Málaga. La salida del argentino le dio al Dépor algo de lo que carece, desborde. Y con su peculiar forma de jugar, el ex del Córdoba, fue rasgando las vestiduras de la zaga visitante, hasta que un centro suyo en el minuto 85 encontró, tras un primer intento de remate de Luis Alberto, a Lucas Pérez. El gallego disparó a la madera y el balón dio en Mariño antes de entrar en la portería del Levante. Jugada de Pinball y 2-1.

Por suerte para el Dépor ya no quedaba casi partido como para que apareciesen los fantasmas de las jornadas pasadas y el equipo gallego volvió a ganar. La primera vez en 2016 -el único que no lo había hecho- que le sirve para volver a situarse en la primera mitad de la tabla, acercarse a la permanencia con 36 unidades y llegar cargados de moral al derby gallego. Bastante más delicada es la situación del Levante, que sigue cerrando la clasificación y con 24 puntos necesitará ponerse el mono de trabajo en esta recta final para seguir en Primera. La jornada que viene, contra el Sporting, jugará la primera de las finales que le quedan.