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El Atlético de Madrid terminó con cuatro amarillas en algunos casos rigurosas con el arbitraje de un González Fuertes que no perdonó.
El Atlético de Madrid venció al Valladolid en un partido donde el arbitraje no fue excesivamente protagonista. No hubo grandes acciones polémicas pero si una actuación de González Fuertes demasiado rigurosa ante el conjunto rojiblanco. El encuentro se saldó con algunas tarjetas amarillas muy cuestionables mientras el Valladolid gozó de más permisividad. El resultado y el trascurso del partido lo dejaron como una anécdota que, sin embargo, no hay que olvidar.
La primera amarilla la vio Savic por entrar con la plancha sobre Kike Pérez. La infracción fue clara, pero el sesgo no. Al final del primer tiempo Mario Hermoso se llevó un pisotón de Alcaraz igualmente merecedor de tarjeta. El rojiblanco se revolvió en el suelo pero el colegiado ni siquiera señaló falta. Una actitud olvidada que no fue aislada durante el trascurso del partido.
Una amarilla rigurosa fue la que recibió Vitolo. El jugador saltó con los brazos y al contactar con el rival el canario fue amonestado. La falta también parece clara pero la amarilla no. Pues Vitolo simplemente se impulsó con el tren superior como se hace en cualquier acción área. En este caso la cartulina fue exagerada. Afortunadamente no estaba Koke en el terreno de juego, que salió más tarde. Pues el vallecano estaba amonestado y una amarilla le habría privado del derbi.
Y la última amarilla rigurosa fue la que recibió Luis Suárez. El jugador recibió un empujón de Bruno que no fue señalado y se lo recriminó al árbitro. González Fuertes sacó la amarilla sin pensárselo dejando claro que no iba a aceptar críticas. La protesta de Suárez tampoco fue excesiva, pero la amarilla no. El colegiado dejó claro desde el principio que no le iba a pasar ninguna a un Atlético de Madrid que, a pesar de no jugar con dureza, se marchó con cuatro amarillas.








