Miembro de una defensa histórica del Atlético de Madrid, el gerundense, es a su vez recordado en Vitoria, por su desgraciado autogol en la final de la Copa de la UEFA de 2001, pero también por la segunda juventud que vivió en Mendizorroza, donde Geli cuajó tres buenas temporadas.
Estrenamos esta sección «Querido enemigo» en la que cada jornada hablaremos sobre un jugador o ex-jugador que haya jugado en el Atlético de Madrid y en el rival correspondiente de esa jornada. No podíamos estrenarla de mejor forma que con un histórico de ambos equipos como es el ex-lateral derecho Delfí Geli, actual presidente del Girona.
Delfí Geli, llegó al Atleti en 1994, después de su paso por el Albacete, donde formó parte del recordado “Queso Mecánico”, de Benito Floro, donde el lateral, era uno de los pilares fundamentales de ese equipo. Tras realizar dos temporadas más a un gran nivel, llega al Vicente Calderón. En su primer curso, su rendimiento es irregular como el de todo el equipo, que acaba salvándose del descenso en la última jornada.

Pero en su segunda temporada, el cuento cambia. Los rojiblancos son campeones de Liga y Copa y Delfí Geli forma parte de una defensa mítica del Atlético de Madrid que aún se recita de memoria. Junto con Solozábal, Toni y Santi, el espigado lateral entra en la historia colchonera por la puerta grande, es la defensa del “doblete”. Además, el que por aquel entonces lucia el dorsal 20 en la casaca rojiblanca, es recordado porque de sus pies, y tras una larga galopada por la banda derecha de La Romareda, sale el centro para que Milinko Pantic haga el gol de la victoria en la final de Copa. Pasa dos temporadas más en Madrid rayando a gran altura y una tercera discreta donde juega poco.
Tras un regreso fugaz de un año a Albacete por entonces en Segunda División, Delfí Geli ficha por el Alavés, donde comienza a vivir una segunda juventud. El lateral, vuelve a convertirse en el pilar básico de un equipo histórico. Junto con los Desio, Contra, Astudillo, Téllez, Jordi Cruyff, Javi Moreno, etc…, llega a la final de Copa de la UEFA. La cita fue en Dortmund, contra el Liverpool de Gerard Houllier. El partido se recuerda con tintes épicos por la afición albiazul. El conjunto entrenado por Mané, llevó el encuentro a la prórroga en el minuto 89 con un gol de Jordi Cruyff, después de haber ido a remolque durante todo el choque. El empate a 4, dio paso a un añadido, que también fue casi heroico para los vitorianos, pero que acabó de forma trágica para ellos, pero en particular para nuestro protagonista. El Alavés, se quedó con 9 en esa prórroga y casi cuando acariciaba el poder optar al título por medio de los penaltis, una falta colgada desde la banda izquierda, es peinada por Delfí Geli hacia atrás, con la mala suerte que el balón entra en su propia portería. El gol significa además el final del partido y con ello la derrota de los vascos, puesto que existía por aquel entonces la regla del gol de oro.
Gregorio Fernández Moya








