- El Atlético de Madrid vivió una noche mágica en Anfield tras eliminar al Liverpool derrochando coraje y corazón.
Antes de salir al terreno de juego, los jugadores del Atlético ya lo leyeron. This is Anfield. Una amenaza escrita en mayúsculas en el túnel de vestuarios. El mítico You’ll never walk alone retumbaba en The Kop, con Klopp como director de orquesta. Tambores de guerra anunciaban la batalla que el Liverpool llevaba esperando tres semanas. Sin embargo, la primera oportunidad la tuvo el Atlético, al que todos daban por eliminado, Joao Félix filtró un pase entre líneas que Costa mandó al lateral de la red.
Comenzó el Atlético muy ordenado y bien plantado en el campo, aunque algo impreciso en el pase y con pérdidas innecesarias. Klopp dejó en el banquillo a Fabinho en beneficio de Chamberlain, que hizo un gran partido jugando entre líneas e incluso dio la asistencia del primer gol de los reds. A medida que pasaban los minutos, el Liverpool fue atrincherando al Atlético en su área por empuje y únicamente Oblak era capaz de evitar los goles. El mayor peligro que generaban los de Klopp era a través de centros laterales, con el recuerdo de Turín en el horizonte, los rojiblancos conseguían despejar todo lo que sobrevolaba su área.

Apretaba Anfield y ahí emergió la figura de Jan Oblak, el hombre que tantas veces ha salvado al Atlético. Primero despejando un potente disparo de Chamberlain y más tarde sacando un centro chut envenenado de Mané que rozó Firmino. Correa y Lodi sufrían para defender la banda de Arnold, Chamberlain y Salah. Precisamente tras una combinación de los tres, Oxlade-Chamberlain colgó el enésimo centro lateral al área que esta vez si tuvo rematador. Wijnaldum, que ya marcó en la remontada del Liverpool ante el Barcelona la pasada temporada, picó de maravilla y logró el 1-0. La eliminatoria quedaba igualada.
Se llegó al descanso con el guión soñado por Jurgen Kloop, eliminatoria igualada y su afición entregada para la causa. La segunda parte fue un asedio para el Atlético que sólo encontraba refugio en los guantes de Oblak. Lo intentó Chamberlain desde media distancia con un potente disparo que Oblak envió a córner. Los casi 3.000 atléticos vitoreaban a su salvador y se escuchó en Anfield el cántico obi Oblak cada día te quiero más. Diego Costa fue sustituido por Llorente, el cambio parecía defensivo pero nadie se imaginaba lo que ocurriría después.

Mientras tanto, el Liverpool continuaba con su asedio, latigazo de Arnold al que respondía Oblak. Remate de Robertson al larguero. Salah disparó ligeramente desviado de la escuadra. Centros laterales. Saques de esquina. Parecía un milagro que el Atlético pudiera resistir y llegar a la prórroga. Pese a todo, los rojiblancos pudieron evitar el alargue si no llega a ser porque Saúl estaba en fuera de juego cuando marcó gol en el último minuto. Anulado sí, pero fue un aviso, el Atlético estaba noqueado pero aún no le habían tumbado y un gol suyo lo cambiaba todo.
Nada más comenzar la prórroga, Firmino consiguió hacer el 2-0. Wijnaldum rompió a Lodi y su centro, rematado por el brasileño, dio en el palo antes de que el jugador carioca empujara el balón al fondo de la red. Parecía que se había acabado para el Atlético. Sin embargo, tres minutos más tarde del gol del Liverpool, Marcos Llorente enmudeció Anfield con un potente disparo desde fuera del área. Adrián falló en el pase y le entregó el balón a Joao Félix que, vio a Correa en fuera de juego, y filtró a Llorente para que pusiera el 2-1 en el marcador.

Y antes de que llegara el descanso de la prórroga, Llorente volvió a hacer lo que hace tanto en los entrenamientos según Simeone, tirar. Otro derechazo suyo puso el empate a dos y llevó la locura al banquillo y a la grada del Atlético. El Liverpool volvía a necesitar dos goles para pasar la elimantoria, como al principio del partido pero esta vez con sólo 15 minutos por delante. Todo el asedio había sido en vano. Aún hubo tiempo para un regalo más. Morata, que estaba cojo, se plantó mano a mano ante Adrián tras un pase de Llorente e hizo el definitivo 2-3.
El Atlético había remontado en casa del campeón de europa. Había ganado dos veces en un mes a un equipo que a lo largo de toda la temporada sólo había perdido dos encuentros. Increible. Simeone había metido a su equipo en cuartos de final de Champions tres años después. En diciembre prácticamente nadie del mundo del fútbol creía posible que el Atlético eliminara al Liverpool. Nadie, excepto Simeone, sus jugadores y la afición colchonera. La misma que compró entradas y vuelos antes de que se jugara el partido de ida. La hinchada que pese a la temporada tan irregular que lleva el Atlético no perdió la fe en su equipo. No hay nada más hermoso que la victoria de un vencido.








