A veces se juega bien y otras se juega mal. A veces se gana, otras se pierde y otras se empata. Y no siempre tiene que ver lo primero con lo segundo. Cuando el planteamiento es malo, casi seguro que el resultado también. Pero cuando es bueno, el resultado sigue siendo una lotería. Ayer vimos a un Atleti intenso, con ganas de marcar y que no se rindió en ningún momento. A Oblak le vimos de reojo, porque el Lokomotiv apenas se acercaba, porque su baza era otra.
No hay que olvidar que en esto del fútbol juegan dos equipos. No todo depende de uno solo. Por mucho que ataques, hay alguien que defiende. Y defiende bien. Hemos caído en la subestimación del rival. Creemos que por ser de una liga lejana y no tener historia en Champions, el rival va a ser peor. No tiene por qué. De hecho el Lokomotiv ha sido el único equipo del grupo que ha sido capaz de poner en apuros al Bayern. Le tuvo en el empate hasta el minuto 80, mientras al Atleti le cayeron 4 y al Salzburgo, 6.
Y es que este empate no es culpa del Atleti y tampoco de Simeone. Es culpa de que el fútbol es así. De que el rival ha sabido jugar sus cartas y de que la suerte no ha estado de tu lado. Ayer vimos al Atleti que queremos ver. Al intenso, al que ataca, el que sigue buscando el gol. Hoy las críticas son vacías porque no hay nada que criticar ni nada que reprochar. El Atleti hizo todo lo que pudo ante un Lokomotiv al que, algunos, siguen viendo más pequeño de lo que es.








