[dropcap color=»#a40000″]C[/dropcap]ualquier partido en el Calderón es un partido especial. Un ambiente inigualable, una parroquia entregada y una familia irrompible. Es la mejor definición de lo que se puede vivir y sentir en el feudo rojiblanco. Da igual el encuentro, da igual la competición, el día y la hora. Lo importante es dejarse la voz animando al Atleti, emplearse a fondo cada minuto porque los goles no siempre se marcan en el campo. Una grada que empuja es siempre el mejor jugador del partido, ése imprescindible sin el que no se puede ganar.

Cincuenta años son muchos en un Vicente Calderón que ha vivido grandes momentos y en el que se respira una tradición que va más allá del fútbol. Un sentimiento generacional que hace que partidos como el de mañana sean mucho más que tres puntos en la fase de grupos. Es irremediable pensar en un encuentro de Champions contra el Bayern de Múnich sin recordar a los grandes del 74, a aquéllos que admiraban nuestros padres y que no pudieron por muy poco entrar en la historia por la puerta grande. Mañana se respirará un ambiente distinto, un ambiente que nos llevará cuarenta años atrás, porque los Oblak, Godín, Griezmann… serán los Reina, Ayala, Adelardo…

La Champions vuelve al Calderón y lo hace a lo grande. Mañana tenemos una cita con la historia, porque aunque lo que pase no tiene por qué ser decisivo, marcará si este equipo es capaz de dar un golpe en la mesa para dejar claro que este año va a por todas. Una victoria mañana es lo que nos demostrará que este año sí se puede ganar una Copa de Europa.